Decir quinientos es fácil.
Si hace apenas un puñado de años alguien me decía que hoy iba a estar escribiendo estas palabras, seguramente no le hubiera creído.
-Es imposible - Hubiera respondido
-No, nada es imposible - me repite hoy en mi cabeza una voz inconfundible, esa misma que me saluda temprano por la mañana con la pila de mil juguetes.
En silencio y de a poquito, como crecen las plantas,se fue gestando una comunidad que, de a decenas, se hizo más grande, unida, amorosa.
Un sinfín de nombres y caras se fue acoplando semana a semana, vivo a vivo, a esta onda expansiva de corazones violetas que te atrapan y te transforman.
Llegaron los cien y a la mesa ya había Alicitas rompiendo la virtualidad. A los doscientos ya hubo que agregar algo para comer porque los vivos duran lo que cualquier jornada de trabajo.
A los trescientos, ya con casi cuatro años a cuestas, nos empezamos a dar cuenta de que los quinientos nos pisaban los talones y que llegaron casi en un parpadeo.
Henos aquí.
En medio de estos quinientos, nacieron hijos y nietos (algunos vienen en camino) surgieron amores y amistades, creció el equipo que lidera Alicia y, por supuesto, aparecieron "mágicamente" tesoros en nuestras casas. ¿Quién sabe de dónde vendrán?
Quinientos días de sonreír a una pantalla. Quinientas oportunidades de decir 'gracias' al menos una vez al día. Quinientos abrazos virtuales, de esos modernos, que se sienten igual de calentitos.
Regalos, tesoros, bellezas.
Amores, gratitud, paciencia.
Decir quinientos es fácil, pero no es poco si al mirar hacia atrás nos encontramos con los momentos y la gente bella que nos ha acompañado en todo este tiempo a construir este logro en silencio y de a poquito, como crecen las plantas...
¡Felices 500 vivos a toda la comunidad Alicita!
